martes, 26 de noviembre de 2013

De la violencia de género: educación y justicia.

Imagen La violencia de género deja una mancha negra allá por donde pasa, difícil de disimular y sobrellevar.
Posiblemente, sucesos de tanta importancia como puede ser el asesinato de una mujer a manos de su expareja sean más difíciles de tratar en pequeños pueblos, en los cuales se mezclan diversos factores que hacen que estos se conviertan en temas tabú o tema principal de los “corrillos de actualidad”.


Puede ser pérfido hacer la división entre pueblo y ciudad, lo sé. Podría ser más correcto diferenciar el tratamiento de estos temas entre gente con una educación adecuada y gente inculta, que no maleducada.
No nos llevemos las manos a la cabeza, todos veríamos más “corriente” en un núcleo rural una expresión totalmente reprochable y repugnante tipo “Su marido la pega porque ella le provoca” o algún chiste o copla como la siguiente: “Si te pega tu marido, no te debe preocupar. Te pega porque te quiere, porque te quiere pegar”.
Esto es sin duda el resultado de una educación dictatorial, basada en la supeditación de la mujer bajo la figura masculina y la división de las tareas por sexos. De aquellos fangos vienen estos lodos, y este es un gran problema que sufre nuestro país. Posiblemente sea un problema de Estado.
No me cabe en la cabeza el porqué un hombre, ó mujer, se ve obligado a acabar con la vida de su pareja, pero sí creo que la educación es el instrumento más eficaz para acabar con la lacra de la violencia de género.
Noticias como la siguiente <<El asesino confeso de su expareja en Boñar en 2012 acepta una condena de 18 años>> me obligan a pensar que algo se está haciendo mal. Me es imposible pensar que en pleno siglo XXI, personas relativamente jóvenes tengan una falta completa de valores y de humanidad, tanto como para acabar con la vida de la que fue tu pareja.
Lo único que saco en conclusión es que la mejor manera con la que yo combatiría este problema sería con la educación, mostrando desde las edades más tempranas sin ningún tabú los efectos que conlleva la violencia en todas sus vertientes; también habría que tener en cuenta que la educación no solo se enseña en el colegio y que en casa también la familia tiene una gran labor de educación de las futuras generaciones. Por último la justicia, garante de nuestro sistema de derecho, debería de actuar con una mano más dura y firme ante estos atentados contra la vida de las personas, incluso si fuera necesario aplicando la cadena perpetua revisable. ¿Es normal que la pena de cárcel para el asesino confeso de María Valladares sea rebajada de los 25 años que pedía el fiscal a 18 años alegando un “cuadro depresivo con ideas suicidas”?  Para mí no lo es…
In memoriam. “Que la muerte de un inocente no sea en vano. Que remueva las conciencias de todos los vivos y así por fin la sociedad cambie y no tengamos que ser espectadores de una matanza de la que algún día podríamos ser protagonistas”
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